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QUIJOTEANDO

Un placer inconfesable O la idea de clase social

Un placer inconfesable O la idea de clase social Furbank seduce y provoca al sostener que todos –y especialmente los sociólogos e historiadores– son más clasistas de lo que su asepsia les hace pensar.

P. N. Furbank

Paidós
256 páginas.

La utilización de la idea de clase social se despliega en la vida cotidiana como un lenguaje, como una transacción. Asignar a una persona a la “clase media”, a la “clase obrera” o la “clase alta” es para Philip Furbank un juicio y una especulación inevitablemente impregnados por los motivos de la persona que juzga. Así, el uso de la noción de clase siempre lleva consigo la intención del beneficio propio. Por ejemplo, en cuanto a la utilización de la expresión clase media, sostiene que “cuando alguien la emplea, uno no tiene ninguna esperanza de adivinar qué quiso decir si no responde antes a muchas preguntas sobre la persona que empleó la frase: quién es, de quién está hablando y con qué propósito. En realidad, hay algo de lo que podemos estar seguros: lo que intenta hacer es un comentario despectivo”. De ahí la idea de placer inconfesable.

Para Furbank toda utilización del concepto de clase ya sea en la vida cotidiana o en el plano de la reflexión científica implica no sólo ubicar a aquel que es objeto de clasificación sino que implica también ubicarse uno mismo en alguno de los lugares de ese sistema de clases. De este modo, el núcleo de la argumentación de Un placer inconfesable o la idea de clase social reside justamente en destacar de manera recurrente y enfática que la noción de clase social supone un juicio de valor que ubica a un grupo en un nivel superior, medio o inferior dentro de un “sistema”. A su vez esto ubica a quien lo enuncia en un lugar de privilegio.

¿Pueden el sociólogo o el historiador escapar de ese mecanismo? No. Para Furbank los intelectuales intentan permanentemente ubicarse por fuera de ese sistema, pero estos atajos se presentan como una ficción inaceptable.

En su argumentación, Furbank polemiza acerca de la utilización del concepto de clase social en el análisis científico en autores como E. P. Thompson y Raymond Williams, y por supuesto con Karl Marx y Max Weber, entre otros. El punto de su disputa con estos autores es justamente el no haberse ocupado de lo que a él le interesa. Se han preocupado por discutir acerca de la existencia de las clases sociales y en su definición en lugar de “estudiar una sola cosa: los modos en que las personas corrientes aplican y han aplicado las categorías sociales a los demás y a sí mismas”.

El cuestionamiento erudito a la utilización del concepto de clase social reside, además de lo ya mencionado, a que en todo momento implica una puesta en relación con “absolutos” sociales a partir de los cuales es posible establecer un orden de categorías sociales. Sólo los novelistas modernistas, como Joyce y Proust, fueron capaces de internarse en este problema sin remitir a estos absolutos. Fueron ellos quienes repudiaron la autoexclusión o la falacia del punto de vista “exterior” (tan propio de los intelectuales de las ciencias sociales desde el punto de vista del autor).

Así, Furbank irrita, seduce e indudablemente estimula al debate sobre el concepto de clase social. En suma, ayuda a volver sobre un concepto que por momentos se utiliza sin problematizar lo suficiente.

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